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28 abril 2011

Lo merecido





La observa con más lástima que espanto. Le alcanza el vaso con agua que reposa desde hace 20 minutos sobre la mesa. Bebe un sorbo. Se anima a seguir hablando. ´´Esa tarde nos vimos. Constataría lo que ya venía presintiendo desde hacía meses atrás: que lo nuestro ya no era más ´´lo nuestro´´. Baja la vista y respira hondo. Las lágrimas resbalan por sus mejillas y aunque ya no solloza, la voz es casi un susurro quebrado. Se lleva las manos a la cabeza y hunde los dedos en el cabello. El hombre la observa compungido. ´´Calma, calma´´ le dice en voz baja. ´´Toma otro poco de agua´´. Obedece. Una nueva oleada de lágrimas la inunda. ´´Continúa´´ le dice el hombre.
´´Pasó toda la tarde llamándome vieja. Dijo cosas muy duras y siempre volvía a nuestra diferencia de edad.´´10 años es demasiado´´, dijo’’. Él la detalla: parece una mujer salida de otra época. Tiene finos rasgos, el cabello lacio y negro enmarca perfectamente el rostro salpicado con delicadas pecas. Los ojos negros centellean de vez en vez. ´´Una lástima todo esto´´, piensa.
´´Yo solo lloraba más y más. No recuerdo qué más pasó´´. El hombre la mira fijamente y le ordena con voz dulce: ´´Intenta recordar. Es importante. Tenemos toda la tarde. Intenta recordar´´. ´´No puedo. Él me insulta, yo lloro. Hasta ahí llegan mis recuerdos´´. ´´Voy a salir un momento. Te traeré más agua´´. ´´¿Cuándo me podré ir? ´´Pronto, muy pronto´´. El hombre sale de la habitación y pasa a otra. Desde un espejo falso observa a la muchacha. ´´No confiesa, Duarte´´ apunta. Duarte se queda también observándola. Luce tan frágil, tan delicada. ´´Esta señora lleva ya tres días contando la misma historia, sin alteraciones. Anoche escuché las grabaciones de nuevo. Son todas iguales, como un guión. No cambian en nada. Usted sabe, Inspector, que los asesinos siempre se descubren en algo, se quiebran en algún punto. En este caso, todo sigue igual. Todo´´. Los dos hombres se quedan mirándola. Tiene la vista fija en la nada y las lágrimas siguen resbalando lentas por su rostro. ´´Tendré que dejarla ir. No hay otra salida´´.
El Inspector regresa a la habitación y le acerca el vaso con agua. Ella lo sigue con la mirada y pregunta ´´¿Me puedo ir?. Él piensa antes de responder. ´´Sí. Yo mismo te llevaré a tu casa´´.
Durante todo el trayecto, ella no habla. Solloza. Al llegar, el Inspector la escolta hasta la puerta, que ella abre con cuidado. ´´¿Quiere pasar?´´le pregunta con voz pausada. ´´No. Está bien. Volverás a saber de nosotros. Te traeré novedades cuando las haya´´. Baja la mirada y asiente. El Inspector regresa al auto y entra. Ella se queda parada en la puerta viéndolo con aire triste y confundido. Él le devuelve la mirada con lástima y dice casi en silencio: ´´Volveremos por ti´´.
Cierra la puerta de la casa y apoya la frente y las manos con las palmas abiertas, hasta que oye el motor del auto. Sonríe. ‘’Lo merecías. Todo lo que te hice lo merecías’’ y esta vez ríe con sorna, con carcajadas que se pierden en las penumbras de la casa.