
06 febrero 2009

16 enero 2009
Fantasmas

Avanza unos pasos. El último tren de la noche no trae pasajeros y sin embargo, escucha pisadas, un tropel de gente sube agitada las escaleras, caminan rápido hacia la salida. Se hace a un lado, se apoya contra el pasamanos que lleva a la salida. Logra sentir como la empujan, Martin la protege entre sus brazos de gigante, el mundo detiene su frenético ritmo, se abandona, cierra los ojos, nada malo puede pasarle si permanece en aquel abrazo. Abre los ojos. El pasillo de la estación sigue luciendo desolado, frío, silencioso. Sabe que está sola, pero eternamente acompañada de sus propios fantasmas.
Foto cortesía de Carlos Briceño: http://www.flickr.com/photos/16728062@N00/
15 enero 2009
Ceguera

07 agosto 2008
El pacto

18 julio 2008
Sin rastros

Se levanta, revisa una vez más las maletas en la entrada y se dirige a la escalera. ‘’Eduardo’’, dice con calma. ‘’¿Por qué tardas tanto?’’ y se queda parada , tranquila en la escalera. Transcurren algunos minutos. ‘’¡Vamos a perder el vuelo!’’ dice burlonamente y empieza a subir pausadamente uno a uno los escalones. ‘’Eduardo, ¿qué haces?’’, dice y se detiene a la mitad. ‘’¡Baja ya!’’. Nadie responde. Sus palabras resuenan en las escaleras, pero Eduardo no aparece.
Ana Emilia sube y abre la puerta del dormitorio: la ropa de viaje de Eduardo yace en la cama, tal cual ella la había dejado. La puerta del baño cerrada. Se acerca y toca: ‘’¿pasa algo?’’. No obtiene respuesta. La abre lentamente. Está vacío. Eduardo tampoco está ahí.
Perpleja, Ana Emilia sale del cuarto y va abriendo una a una las puertas de las otras habitaciones vacías. Eduardo no se encuentra en ninguna de ellas. ‘’¿A qué estamos jugando, Edu? Vamos a perder el vuelo’’, dice en voz alta.
Desciende de prisa por las escaleras y llega hasta la cocina, recorre el comedor, el pasillo, abre la puerta que da al jardín, corre hasta el garaje. ‘’¡Eduardo!’’, grita al borde de la piscina vacía. ‘’¡Me estoy cansando! ¡Ya no quiero jugar más!’’, pero Eduardo no aparece, no responde.
Ana Emilia vuelve a recorrer el amplio jardín y llega hasta la entrada principal. Abre la puerta y sólo oye su propia respiración jadeante. La inmensa casa está vacía, sumida en el eco que producen sus pasos. No hay señales de Eduardo. Todas sus cosas permanecen en el mismo sitio donde las dejó, sus documentos personales, anteojos, llaves, todo, absolutamente todo permanece en su mismo sitio.
11 julio 2008
Crónica de un misterio no resuelto

sean
No hay escapatoria. Tal vez ni quiera escaparse. Su correo es la puerta a otra dimensión, llena de música sin letras, sin tonadas ni ritmos establecidos. Son cajitas mudas, que sin embargo, hablan por sí solas.
Mucho que decir y poco tiempo para responder. El exceso de obligaciones, contratiempos de último momento, el vértigo de la vida que a veces atrapa y enreda la alejaron de responder a tiempo las misteriosas cajitas de música.
El último email que recibió fue lapidario:
''Bueno... no voy a seguir abriendo tus cajitas
ya que no encuentro más señales en ese camino.
Sé que estuviste caminando por donde yo camino...
Y hasta quizás nos pensamos...
y sencillamente 'tú' eres especial y yo soy raro.
Perdóname si te perturbé...''.
No puede creer lo que lee. No quiere que el misterio termine. No quiere que la música acabe, pero el destino es voluble, como los propios seres humanos y nunca más recibirá cajitas de música. Nunca más abrirán la puerta de la magia para ella.
