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20 octubre 2009

Vuelo 1361

Para JSC


Barcelona-España

Lee el correo por quinta vez para cerciorarse de que anotó todo bien: vuelo 1361 - Aerolíneas Argentinas, 11.05pm.
Contó los besos que venían en el email y la cantidad de veces que estaba escrito ''cariño''. Se estremeció.
Faltaban tan solo algunas horas para verse. Verificó que la casa estuviera impecable y organizada. Había sido una proeza esconder el desorden, limpiar el pequeño apartamento para que estuviera perfecto o al menos luciera acogedor.
Se paró enfrente de la ventana y observó la calle. La luz de la tarde empezaba a desvanecerse para darle paso a la noche. En muy pocas horas llegaría el avión. La ansiedad empezaba a minar su resistencia. Trataba de calmarse, pero no podía. No solo era aquella llegada lo que aguardaba, sino el fin de su soledad.
En apenas pocas horas terminaría su agonía. Era extraño, pero a la vez placentero haber esperado tanto tiempo para que el amor fuera esto: una sensación de plenitud. ''Como cuando llenas un vaso de agua hasta el borde y por más que lo sigas llenando, nunca se desborda''. Recitó en voz alta la frase. En su momento, le había parecido cursi y estúpida. Era recién ahora que podía entenderla y por encima de todo, sentirla.
Cuando llegó la hora de ir al aeropuerto, ya no sentía el corazón, de tan acelerado que lo tenía. Condujo con la ansiedad pegada en la espalda y la mente fija en un único pensamiento: Claudia, vuelo 1361. Al llegar, estacionó el auto y se miró en el espejo antes de bajarse: se vio ojeroso y despeinado. Quiso una vez más haber sido cuidadoso con su aparencia. ''En fin'', pensó, ''es tarde. Llegó la hora''.

Entra al aeropuerto. Se dirige a las pantallas de información: vuelo 1361 procedente de Buenos Aires - retrasado.
''¡Joder!'' dice, ''¿cuánto tendrá de retraso?'' Pregunta en el stand de Aerolíneas Argentinas: ''un par de horas'' le informan. Decide tomarse un café y después recorrer pausadamente todas las tiendas posibles del aeropuerto. A cada paso siente que le estalla el corazón de la impaciencia. Revisa una y mil veces las pantallas: no hay cambios. El vuelo sigue retrasado.
Continua recorriendo el aeropuerto, baja y sube todas las escaleras, se entretiene observando a la gente. Las dos horas se consumen tan lentamente que no puede creerlo. Sin embargo, la espera llega a su fin cuando cambia la información de las pantallas: vuelo 1361 procedente de Buenos Aires - arribando.
Vuelve a leer y respira hondo. El rostro se le ilumina de la emoción y el corazón se desboca. Corre hasta la puerta de salida. Poco a poco van bajando los pasajeros, que se pierden entre la multitud de abrazos de los que los esperan. Está de primero en la puerta, separado solo por la varanda metálica que lo aleja lo suficiente de los que van llegando. Claudia no aparece.
239 personas desfilan en apenas 20 minutos ante sus ojos y ninguna es ella. Tiene la vista clavada en el pasillo de llegada que ahora luce vacío. Nadie más del vuelo 1361 aparecerá por ese pasillo. Nadie más.

Se dirige al mostrador de Aerolíneas Argentinas de nuevo. Pregunta si puede tener acceso a la lista de pasajeros. Esperaba a alguien que no llegó. La respuesta es negativa. ''La lista de pasajeros es confidencial, señor'', le informan. No hay más vuelos procedentes de Buenos Aires.
Vuelve a ver las pantallas del aeropuerto. Tal vez se confundió de línea aérea. Entra a un ciber café. Revisa de nuevo su correo. ''Vuelo 1361 - Aerolíneas Argentinas, 11.05pm''. Es la única información que posee. Decide llamar a Claudia a Buenos Aires. Algo pasó. Algo grave.
Disca el número de su casa. No hay respuesta. Disca el celular. Responde la voz hueca de la contestadora. Vuelve a intentar con el número de su casa. El resultado es el mismo. Llama de nuevo al celular. No hay respuesta. Ya pasaron dos horas y media desde que llegó el vuelo y desde que Claudia no. Sale del ciber café y recorre de nuevo palmo a palmo el aeropuerto con la vana esperanza de encontrar a su chica sentada esperándolo en algun incómodo asiento. No hay resultados. Son casi las cuatro de la mañana. No hay nada más que hacer. Se dirige al estacionamiento y una vez en su auto, siente como todo dentro de sí se desploma. El asiento del copiloto está vacío. No está Claudia, no llegó, no oye su risa, no siente sus besos. Cierra los ojos y entierra la cabeza entre sus brazos.

Buenos Aires- Argentina
Una tenue lluvia arropa la ciudad. Un viento delicado, mas frío, se escurre por todas partes y se desliza sin premura por la espalda descubierta de la chica. Se estremece. Estira un brazo hasta alcanzar la sábana. Está cansada y aun tiene mucho sueño. Han sido días intensos. Días de decisiones.
Se acurruca. Intenta relajarse, pero el delicado y constante ruido de la lluvia la distrae. Suena el teléfono. Debe ser él. No responde. Tres minutos después suena su celular. Tampoco responde. Se esconde bajo la sábana. ''No llames más. No me lo hagas más difícil'' dice en voz baja. Vuelve a sonar el teléfono de casa. Se levanta irritada. ''¡No llames más! ¡No voy a ir!'' grita al aire. Suena ahora su celular nuevamente. Se sienta en la cama. El celular deja de sonar. Tiene dos mensajes de voz. Escucha el primero. La voz de Josep suena lejana, angustiada.
''¿Dónde estás?'' lo oye decir. Las lágrimas van cayendo poco a poco por su rostro. Oye el segundo mensaje, aún más angustiado que el primero. ''¿Dónde estás Clau?'' dice un par de veces. Los pedazos del boleto de avión están esparcidos por el piso. Pequeños pedazos. Todo su futuro yace en el suelo de su habitación. Vuelve a escuchar los mensajes. Se levanta y se dirige a la ventana. La lluvia sigue cayendo con paciencia sobre Buenos Aires.
''Josep'' dice entre sollozos tenues, delicados. Abre la ventana y se deja mojar por la lluvia. Sus lágrimas se confunden con la misma. ''No me odies'' le dice al viento. Se arrodilla, cierra los ojos y entierra la cabeza entre sus brazos.