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05 febrero 2016

La herencia





-  Se refugió entre nosotros durante mucho, mucho tiempo. Te esperó por varios años, pero nunca llegaste. O al menos no en el tiempo que él pensó que te tomaría llegar.

- Supe de su existencia hace poco, en realidad. Mi propio padre me ocultó la verdad de quién era su padre durante muchos años, hasta que me lo contó. Yo no lo podía creer.

- Pues ya ves, llegaste tarde. De tu abuelo sólo quedó esto, su cráneo, que te entrego.

- No sé si lo quiera. Es demasiado peso ya saber quién fue y qué hizo.

- No te corresponde a ti juzgarlo. Llévalo. Es toda tu herencia.


El monje le entregó al muchacho la calavera de su abuelo y lo dejó a solas, en la capilla, a merced de la soledad de sus propios pensamientos.

25 enero 2016

Ebook de ''Cuentos para pasar el rato''



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07 enero 2016

La gran noche



Cuando lee el mensaje en la pantalla de su celular, no puede reprimir la emoción. Se ruboriza y esboza una sonrisa tan amplia que todo lo ilumina. Tan sólo cuatro palabras le regalan a su día una esperanza que creía muerta dentro de sí. ‘’Quiero verte esta noche’’. Lee el mensaje muchas veces antes de responder con un ‘’sí, claro’’ corto, pero contundente.

Su rutina laboral transcurre sin sobresaltos, pero sin la atención que normalmente le dedica. Pareciera estar en un estado de ensoñación. Ya quiere poder abrazarlo, olerlo, sentirlo. Esta noche, durante ese encuentro, pasará finalmente lo que ha estado esperando por años desde que se conocieron: habrá besos, caricias, declaraciones y la decisión impostergable de darle rienda suelta al deseo, el único que ha alimentado su corazón y su cuerpo por tanto tiempo.

Así que cuando llega a su casa, toma un largo baño, para tranquilizarse, parecer lo más natural posible cuando llegue el momento. Se lava el cabello, se enjabona con esmero, de manera de borrar el cansancio del día. El agua recorre despacio su cuerpo, como si fueran los dedos de él, que la irán descubriendo esta noche.

Al terminar, se observa desnuda en el espejo. Sabe que él disfrutará de su cuerpo tanto como ella disfrutará del suyo. Será un entrega sincera, que debió haber pasado hace mucho tiempo atrás, lo sabe, pero a veces las cosas no pasan cuando se quiere, sino cuando se puede. Y ese ‘’se puede’’ es hoy mismo.

Escoge cuidadosamente su ropa interior. Se perfuma delicadamente. Duda sobre qué vestido ponerse, hasta que encuentra el indicado: el mismo que usó para el cumpleaños de él el año pasado. ‘’¡Te ves tan bonita hoy!’’ le dijo cuando la vio llegar esa noche.

Se maquilla sin excesos, se arregla el cabello y se mira por última vez en el espejo antes de salir. Sonríe con la misma sonrisa que de nuevo todo lo ilumina.

Camina despacio las 10 cuadras que separan su casa de la de él. Toca el timbre. El conocido ‘’hola’’ le abre la puerta del hall. El ascensor la lleva lentamente hasta el piso 11. Antes de que se abran las puertas, respira hondo. Está lista. Esta es la gran noche. Su gran noche.

Cuando él abre la puerta de su casa, le sonríe con la misma sonrisa tierna con la que le ha sonreído todos esos años. Ella lo abraza con fuerza, lo besa largamente en la mejilla. Después de unos segundos, apoya su cabeza en su hombro. Con delicadeza, él la separa de sí al tiempo que le dice: ‘’Quiero que conozcas a alguien’’. La chica lo mira sin entender. ‘’Lena ven’’, dice el chico. De la habitación sale una muchacha desconocida para ella que la abraza y que le dice un ‘’estoy encantada de conocerte’’ tan sincero que la deja aún más confundida. ‘’Perdona el exceso de emoción es que he oído hablar tanto de ti que te siento ya tan cercana como él mismo te siente’’, explica, mientras toma la mano del muchacho y lo besa en los labios. El muchacho asiente y agrega: ‘’Quería verte esta noche para que conocieras a la mujer que me había estado quitando el sueño, pero que ahora es ya oficialmente, por decirlo de alguna forma, mi novia’’. Lena ríe. La chica por su parte intenta decir algo coherente, pero le tiemblan las piernas y tiene seca la garganta. Después de incómodos minutos, logra hablar y comportarse como si esa jugarreta del destino no fuera la tragedia personal que es.

Un caos de emociones ha tomado por completo su cabeza. Quiere llorar, gritar, escapar corriendo, abrir el balcón y lanzarse, desaparecer, que nada de eso sea real. Sin embargo, reúne unas pocas fuerzas para permanecer poco tiempo y despedirse con la manida excusa de un dolor de cabeza implacable.

Tanto Lena como el chico lamentan que tenga que irse, pero le prometen verse de nuevo pronto. ¡Hay tanto que quieren contarle! ¡Hay tanto que ella tiene que saber! La chica desciende los 11 pisos tan lentamente como los subió, con los ojos cerrados en un vano intento de frenar las lágrimas.

Camina primero sin rumbo, da vueltas por las calles desoladas, ni siquiera tiene un vicio en el que refugiarse. Dos horas más tarde llega a su casa, de hombros caídos, con el maquillaje corrido y el cabello desordenado. Se sienta en su propia sala y dice: ‘’Esta fue la gran noche. Mi gran noche’’ mientras sus lágrimas oscuras y pesadas todo lo inundan.

02 diciembre 2015

15 años



Cuando la hija avanza por el pasillo lleno de flores que la conducirá hasta donde está él, su padre, para bailar el vals de sus 15 años, se siente nervioso, feliz y a la vez triste. No ha cambiado de opinión sobre lo que pasará esa noche; sin embargo, no deja de sentir esa mezcla de emociones tan desequilibrantes.
La joven luce radiante con su vestido rosa. Por momentos, parece una mujer joven, desenvuelta, astuta, pícara; por otros, parece lo que simplemente es: una adolescente torpe, frívola, egocéntrica. Ninguna de las dos versiones de esa misma persona incomoda o asusta al padre, que la observa emocionado y triste. ‘’Lo siento mucho, mi niña’’, piensa, mientras ella avanza, despacio, sonriente.
Cuando llega el centro del salón, los invitados aplauden. La chica se detiene por minutos, más radiante que nunca, y saluda como una reina. Ve a su madre, que no cabe en sí de la alegría. Ve a su padre, que la espera para el primer baile, con una agonía que nunca antes había visto en él, pero no le presta demasiada atención. Hoy es su gran debut social, así que todo le importa nada.
Su padre se aproxima y hace una reverencia. Después la abraza. La gente aplaude. Comienza la música y ellos dos, en medio del salón bailan acompasados y perfectos. Antes de entregarla a su próxima pareja de baile, la abraza de nuevo al tiempo que le susurra: ‘’Perdóname, hijita, perdóname, aunque hoy sea tu día’’.
El festejo transcurre como toda fiesta de 15 años: perfecto. Hay música, bebidas, comida en abundancia y adolescentes que gritan, ríen, bailan junto con la debutante.
Alrededor de las 4: 00am, empieza a decaer la fiesta. Los invitados se van marchando poco a poco, hasta que al final solo quedan la chica, la madre y el padre. Aunque está cansada, le pide a su padre bailar de nuevo el vals, aunque ya no haya música. Él la complace, a sabiendas de que será el último inocente capricho que le concederá. Cuando terminan la canción improvisada, la madre aplaude y los tres se abrazan: ellas dos con alegría y él también con tristeza.
Se dirigen al auto, los tres cargados de regalos que colocan en la maleta. Una vez dentro y ya con el auto en marcha, el padre dice: ‘’Tengo algo que contarte hija mía’’.
La chica, que está casi dormida en el asiento trasero, murmura un ‘’qué’’ lánguido, producto del cansancio y de la somnolencia.
A medida que avanzan por las desoladas calles de la ciudad, rumbo a su casa, el discurso del hombre va despertando a la joven.
‘’Tu madre, querida hija, casi siempre fue una mujer íntegra. Te ha educado bien, tanto como yo mismo. Me gustó de ella siempre su lado práctico y cómo enmascaraba las cosas, incluso las triviales, para que todo pareciera perfecto. En realidad, para que pareciera perfecto para ti’’.
La madre que mantenía los ojos cerrados y estaba un tanto hundida en su asiento del cansancio, se yergue y abre los ojos: ‘’¿A qué viene todo esto, Hernán? ¿Cómo que siempre fui casi íntegra?’’, pregunta perpleja.
En el asiento trasero, la chica presta atención en silencio. El hombre continúa su monólogo, sin inmutarse. ‘’Si yo hubiera estado en una situación similar, realmente no sé cómo hubiera reaccionado’’. ‘’Qué situación papá?’’ dice, ya totalmente despierta. La madre de nuevo vuelve a preguntar: ‘’¿A qué viene todo esto, Hernán?’’.
‘’Cuando yo tenía 21 años, me enfermé. Estuve algunos días, creo que una semana, en cama, débil. No resultó nada grave al final. Fue por la misma época en que conocí a tu mamá y empezamos a salir. Te juro, hija, que no podía separarme de ella, de tanto que me gustaba estar con ella…’’.
‘’Papá…¿es este un cuento romántico? Me fastidian las historias rosa, papi…’’, dijo la chica con la aspereza propia de sus recién estrenados 15 años.
El relato continuó, a pesar de la interrupción. ‘’A los dos años exactos de conocernos, le propuse matrimonio y a los dos años de estar casados, naciste tú. Toda mi vida debió haber girado en torno a ti, lo sé, pero nunca fue posible, hijita, nunca, porque…’’.
‘’Hernán, ¿qué te pasa? ¿Qué clase de historia sin sentido es esta?’’, preguntó la madre, visiblemente intrigada.
‘’¿Porque qué, papá? ¿A qué estás jugando?’’, preguntó a su vez la hija.
‘’Porque no eres mía. Nunca pudiste serlo. Aquella enfermedad que mantuvo en cama, cuando era joven, me dejó estéril. Era una consecuencia lógica. Y a mis 21 años, poco me importaba, es más, me daba inmunidad para acostarme con cualquier mujer sin consecuencias, ni riesgos. Así que cuando tu mamá me dijo que estaba embarazada, la acompañé en su teatro, fingí alegría. Quería ver hasta dónde llegaría con esto. Pero no la acompañé en su triunfo, porque el triunfo de decirle en su cara hoy, día de tus 15 años, que nunca fui el tonto que ella siempre creyó que yo era, lo guardé para hoy. Por eso te reitero, hija, que nunca fue posible amarte del todo y la verdad es que no tengo ningún remordimiento por ello’’.
La madre llora, con la cabeza hundida entre las manos: ‘’¡Siempre lo supiste!’’, le grita con odio al padre. La hija, por su lado, no entiende completamente la historia. Tal vez es un mal chiste, un mal sueño, un ‘’algo’’ que no está pasando y mucho menos tiene que ver con ella.

Al llegar a la casa, el padre abre la puerta despacio, entre el llanto de la madre y el silencio de la hija. ‘’Les pido que recojan sus cosas, se vayan de aquí y me dejen solo. Este teatro llegó a su fin’’.

19 octubre 2015

Al aeropuerto



Ambos esperan en la esquina al taxi que lo llevará a él al aeropuerto. ‘’¡Este viaje inesperado!’’, exclama la chica y en su voz puede notarse todo su disgusto. ‘’¿No podían mandar a otro? ¿Por qué a ti justamente?’’ y frunce el ceño. Él, acostumbrado a sus quejas y explosiones de carácter, sonríe con benevolencia. La atrae hacia sí y la besa: primero en la mejilla izquierda, luego en la derecha y por último en la boca. Ella le devuelve ese último beso, con algo de resistencia. Es, sin embargo, una rutina conocida por ambos: ella se molesta por algo, banal o no, explota en quejas y berrinches impropios ya para su edad, y él solo la besa, como si con ese beso calmara a una fiera. Siempre funciona. A veces los besos vienen seguidos de abrazos. Él la esconde entre sus brazos, la aprisiona, la deja sin aliento. Ella se deja vencer. A final de cuentas, él siempre gana. Siempre.
El taxi llega. La muchacha se acomoda en el asiento de atrás, justo en el medio, mientras el chofer acomoda las maletas, bajo la lánguida supervisión del muchacho. Después de unos minutos, entra también al taxi. Pasa su brazo derecho por el hombro de la chica y ella se amolda en el espacio entre el pecho y el hombro. Él acaricia su cabello de a ratos. Sus manos permanecen entrelazadas, cómodas, relajadas.
El chofer los observa por el espejo retrovisor con disimulo. Siempre le han disgustado las parejitas de enamorados que parecen estarlo más de la cuenta. Se besan y abrazan como si no hubiera tiempo para quererse, sino solo enfrente de todos, a la vista de todos. Detestable.
En algún punto del recorrido, el chico pregunta:

-‘’¿Vas a incluir a alguien más en la lista de invitados?’’
-‘’No. No quiero. Es más dinero. Preferiría usarlo para nuestra luna de miel’’
- ‘’¿Falta algo aún?’’
- ‘’¡Falta todo! ¡Y justo ahora te vas y me dejas sola con todo!’’
- ‘’¿Y qué es todo?. Lo más importante lo tenemos ya listo’’.
-‘’Entregar las tarjetas y escoger la decoración del salón y de la iglesia, la música, en qué mesas irán los invitados, etc. ¡Son muchas cosas!’’.

La muchacha se separa por instantes del abrazo y lo mira con una nueva furia entre infantil y tierna. Él la observa y la besa en la frente. ‘’Te odio’’, dice entre dientes. ‘’Tanto como yo te amo a ti’’, le responde el muchacho. Ambos se miran, sonríen y se besan. El chofer los observa de nuevo por el espejo, al tiempo que piensa: ‘’¡Qué cantidad de estupideces tengo que escuchar de este par!’’.
Al llegar al aeropuerto, la pareja desciende, tomada de la mano. No faltan entre ambos más abrazos ni más besos. ‘’Espere aquí’’ le ordena la chica al taxista, quien se apoya de mala gana en el auto, cruzado de brazos.
Caminan despacio hacia el mostrador para los trámites de costumbre. Y una vez finalizados, la despedida es urgente, desesperada. Aunque se separen por pocos días, ambos se sienten un tanto abatidos. La chica abraza al muchacho sin querer soltarlo. Él le acaricia el cabello, la aprieta contra su pecho, la besa. ‘’Tengo que embarcar’’, le dice. Finalmente, ella lo deja ir. ‘’Te espero. Te vendré a buscar’’, le grita, a medida que él se aleja despacio.

De regreso al taxi, va cabizbaja, absorta en sus pensamientos. El chofer le da la última pitada al cigarrillo al verla venir. Una vez en el auto, la mira y le dice: ‘’Detesto el teatro’’. Ella lo mira, sin decirle nada. El hombre prosigue: ‘’No hay que exagerar: ni los besos, ni los arrumacos ni los abrazos. Mucho menos, escúchame bien, mucho menos las declaraciones’’. Ella bufa. ‘’Es un tonto. Nunca se dará cuenta de esta mentira. Gran mentira’’. Al tiempo que lo dice, se inclina sobre el chofer y le lame la oreja, le acaricia el cuello: ‘’Tú eres el único en mi vida, pero es con este idiota con quien debo casarme. Llévame a casa, por favor’’.  

29 septiembre 2015

La fascinación



‘’Me fascina tu mirada’’ le dijo el ciego mientras le acariciaba la mejilla y bebía lentamente la última copa del brandy de Jerez.



05 septiembre 2015

Mensajes

Son cerca de las 12 de la noche y Juan da vueltas en su cama. No consigue relajarse y conciliar el sueño. 

Enciende la tele. Apaga la tele. Enciende la radio. Apaga la radio. Se levanta y va hasta la sala. La recorre con pasos pesados una y otra vez, como si fuera un prisionero en su propia casa. Se desploma en el sofá. Se levanta. Regresa a su habitación. Toma el celular y escribe ‘’¿Me extrañas?’’. Envía el mensaje. Aguarda la respuesta que demora cerca de 15 minutos en llegar. ‘’Te extraño como se extrañan determinadas cosas inciertas…’’

Juan lee y relee el mensaje. Se deja caer de espaldas en su cama y pregunta de nuevo: ‘’¿Pero me extrañas?’’. La respuesta tarda esta vez cerca de media hora en llegar: ‘’De alguna forma diáfana, imagino’’. Juan responde: ‘’Yo creo que no. Que no me extrañas ni un poco’’. Y apagó el celular, sin esperar la respuesta.


Del otro lado de la ciudad, la chica suspira y lee la categórica e infantil declaración de Juan. Responde, sin embargo, en voz alta: ‘’Siempre fuiste tan tonto que incluso eso de ti llegué a extrañarlo’’ y apaga también su celular.