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27 marzo 2008

Ya no te veo


Te miré y fue como no haberte visto.
Nada se alteró en mí cuando te vi. Ni rastros de la arritmia que tu risa me provocaba. Ni trazos del temblor que tu olor me producía. Me acerqué a ti y te saludé como se saluda lo lejano. No pude recordar tu nombre completo, ni la forma dulce como solía llamarte.
Te miré y fue como no haberte visto.

14 marzo 2008

Todo pasa


Cuando te vi, tuve que hacer acopio de fuerzas para no parecer impresionada. Respiré hondo y estreché tu mano y pude, de milagro, sostenerte la mirada.
Enseguida agarraste tu guitarra y empezaste a tocarla. Puntos a favor. Tocabas y cantabas. Más puntos a favor. Ibas descalzo, por la casa, tocando. Todos los puntos a favor. Así estuvimos un año: sin zapatos, con la guitarra y muchos puntos a tu favor, hasta que nos tocó decirnos adiós.
Cuando años luz después nos volvimos a ver, tuve que hacer acopio de fuerzas para no parecer impresionada. Respiré hondo y estreché tu mano y pude sostenerte la mirada. Esta vez no había guitarra y sí zapatos. Ahora eras un hippie diplomado, desprovisto de tu brillo, serio, taciturno.
Como si adivinaras mis pensamientos, sentenciaste: ''perdí el encanto en algún lugar de mis 16 años''. Yo te sonreí benévola y estreché nuevamente tu mano y antes de volverte a decir adiós, te dije:
''Todo pasa.
Todo cansa.
Todo se rompe.
Todo se reemplaza''.

11 marzo 2008

Alzheimer




Fin del verano. El lleva el cabello corto, en un vano intento de domar sus rizos. Tiene un tatuaje en la nuca.
Fin del verano. Ella lleva el cabello igual, sin modificaciones. Ningún tatuaje en la nuca. Ningún tatuaje en el cuerpo.
El está de espaldas y ella lo observa. No logra identificarlo. Tampoco recuerda las noches entre sus brazos ni las promesas que se hicieron. ¿Quién era?
El se da la vuelta y se le queda mirando. No logra reconocerla. Tampoco recuerda los besos ni los abrazos que se dieron. ¿Quién es ella?
Fin del verano. Fin de la historia. Fin de su historia.

Nictalopatía


Anoche, él sólo veía sombras. Y desde niño, de noche, las tinieblas han sido su constante.
Anoche, cuando hablábamos, él nos veía sin vernos.
Yo lo miraba y él me devolvía la mirada, sin verme.
Me dijo: ''niña, me caes muy bien'' porque lo hice reír. Le estreché la mano con curiosidad. Me le quedé mirando. Él sostuvo la mirada sin luz para verme.
Él me contó su historia. Su papá lo llevaba de niño al parque en la noche para que paseara en bicicleta. Él se caía, gritaba que no veía. Su papá lo regañaba y lo volvía a poner en la bicicleta y le gritaba ''¡anda!'' y él lloraba, dando tumbos. ''¡Malcriado! le gritaba su padre.
Siempre de noche...siempre tinieblas.
De noche, él sale, camina por la calle borrosa y disfruta de las siluetas. Es un murciélago diferente.
Sus otros sentidos lo guían. Él sonríe. La ciudad le pertenece. Con o sin luces, la hace suya cada noche.



La cajita


Ella escribió: ''Me gusta la inexactitud de tu mirada. La disparidad de tu sonrisa. El desorden de tus rizos. La fiesta de tus pecas. El viento que levantas cuando te acercas''. El respondió: ''Eres el oxígeno''. Y ambos se dieron las gracias. Gracias por el fuego. Gracias por el viento. Y guardaron las palabras en la cajita.

10 marzo 2008

Dando vueltas


Cuando lo descubrí la primera vez, iba camino a la universidad y él estaba enseñando su arte en la placita. Me quedé parada viéndolo y perdí el autobús y las primeras clases de ese día.
Al llegar a casa, corrí a contarle al abuelo: ''creo haberte visto hoy dándole vueltas a un hula hop''. Mi abuelo, que ya no se sorprendía con mis comentarios, me dijo: ''¿y bailaba bien?''. ''Sí. Para la edad, lo hacías muy bien''. ''Entonces soy todo un personaje'', me dijo y volvió a perderse en el periódico.

Lettera


Cuando se fue de Lisboa, le mandó un email: ''mi dirección en Pisa es...Escríbeme, si quieres. Bacione!''. La primera carta que mandó, hablaba sobre Lisboa. La segunda, sobre el mundo. En la tercera, ya eran adictos: ella a tu letra perfecta de artista y él a sus cuentos extravagantes en la tierra del pan con chorizo.
Así estuvieron por seis años y hoy descubrió todas las cartas, sin orden cronológico. Hoy le sorprendió constatar que debió haberlo querido, tal vez de forma tan simple como los sobres de sus cartas, pero no llegó ni siquiera a eso...se quedó en la promesa de hacerlo...

Tu perfume


El dia que se despidieron, él la llenó de detalles: un bolígrafo sin tinta, unas pilas gastadas, un libro al que le faltaban hojas y música. Para que no lo olvidara, él perfumó los discos.
Hoy, me contó ella, que entre sus cosas olvidadas estaba la música y al olerla, la magia regresó, la magia de sus noches juntos, de sus besos y caricias. Todo lo que fueron, intacto volvió.