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01 noviembre 2009

Café para dos




Recorre con sus dedos los finos rasgos de la chica que reposa en el sofá. Le retira con dulzura algunos cabellos de la cara y la observa con devoción. ''Eres tan frágil'', susurra. Se levanta y se dirige hacia la ventana. El cielo amenaza con romperse en cualquier momento, hay una brisa demasiado fuerte que agita los vidrios de la casa. Cierra las ventanas con cuidado, baja las persianas y se dirige a la cocina. Prepara el agua para el café. Ni mucha ni poca. La justa para dos tazas. El piso de la cocina está manchado, así que mientras se calienta el agua, aprovecha de limpiar y ordenar un poco, solo lo necesario. No quiere estar mucho tiempo separado de su chica, en cualquier momento pudiera despertar y entonces...


El agua hierve y sirve con esmero el café: una taza con azúcar, otra sin. Se encamina hacia la sala, se sienta en el piso de manera de quedar a la misma altura del sofá. Las tazas a su lado. Levanta la que tiene azúcar y la revuelve, con paciencia y sin hacer ruido. La cucharita no golpea los bordes de la taza, tampoco el fondo. Prueba la temperatura, el punto de azúcar. ''Dulce'', dice en voz baja y observa aquel cuerpo magnífico que reposa en el sofá. ''Eres tan dulce'' susurra y toma la delicada mano de la chica entre las suyas.


''Es hora del café'', le dice al oído. Coloca la taza en el piso, se arrodilla y pasa el brazo por detrás del cuello de la chica. La sangre ya está seca. Su mano se pierde en la maraña de cabello. Va deslizándola con cuidado hasta sentir la hendidura, profunda, grave. ''Ya no duele'' dice y aproxima el rostro hasta los labios inertes y pálidos de la muchacha. La besa con demora, recorre los labios fríos con su lengua. La abraza. ''Ahora estás a salvo entre mis brazos. Te protegeré siempre'' y la aprieta más contra si. La deposita con suavidad en el sofá. La observa detenidamente. Le besa las mejillas, el cuello. ''A salvo'' repite y entierra su cabeza en aquel largo cabello y le recorre el rostro con la mano. ''Descansa'' susurra y se arrodilla de nuevo para beber el café.


10 comentarios:

Sophia Melmoth dijo...

Alele wow! tremendo!! me dió miedito :( Besos!

ƒlor dijo...

Tremendo Ale, me encantó!

Anónimo dijo...

Alelinda, si q ha subido de tono el cuento, muy interesante el toque final poco predecible...

Beijinhos. Minnie

fishbone dijo...

In crescendo buenísimo!! Las fotos a tono como siempre..

Graciela dijo...

amores que matan...

Tata Tenaglia dijo...

Tu narrativa es perfecta. Tus temas atractivos..y marca cosas que aunque no queramos pasan....Un placer leer tus cuentos.

Kevin Leonardo dijo...

Buenisimo!!!!!

Miriam dijo...

A la perinola Ale, un asesino en potencia, menos mal que era un cuento.
Muy buena eres escribiendo
un beso
Miriam

iani-f dijo...

m corre un frio x la espalda lady!
inesperado y tan suave a la vez...
ay!

iani-f dijo...

q oscuro lady... no lo esperaba
y muy bueno
justo , lo necesario

GROSA!