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07 abril 2013

El incidente de Zara


A Fabio.
In Memoriam.



(Piso 12. Mis pies bien firmes en la cornisa. Cierro los ojos (te cuento esto tal y como lo viví, el último día de mi vida) y cuando los abro, ¡chan! una pequeña multitud ya se había arremolinado bajo mis pies, literalmente. El viento juguetón agita como si nada mi bata de dormir y mi cabello. ¡Debo parecer una auténtica loca! Oigo los gritos de la gente abajo: ‘’¡Bájese, señora!’’, ‘’ ¡No te tires!’’. No digo nada. Miro al cielo. No sé cuándo ni cómo aparece mi madre por la ventana. Tiene tanto maquillaje siempre que me causa impresión verla. Mamá me recuerda a un payaso decadente.
‘’ ¡Hija! ¿Qué haces ahí? ¡Te vas a caer!’’. Así empezó mamá un monólogo que logró marearme más que la altura. ‘’Hija mía, si lo que tú quieres es la muerte, yo te digo que escojas la vida o al menos otra forma de morir porque si te resbalas, caes sobre ese Maverick, que es más viejo que tu papá.
Me aturde mamá, pero creo que siempre lo ha hecho. La miro, no quiero saber qué tiene para contarme, pero no me deja ni responder. Del nerviosismo, agito un pie en el vacío. La gente grita y obviamente mamá también. Una mano huesuda agarra a mamá del hombro y la quita de la ventana y aparece el padre Colmenares, con ese acento español tan fuerte de siempre.
‘’Dulce oveja del rebaño de Dios’’, comienza. ‘’ ¡Oh no, viene con discurso zoofílico’’ pienso y abro mucho más los ojos. ‘’Cuando Dios, a través de Moisés dijo: ‘’No matarás’’, también implícitamente daba a entender ‘’No te auto-matarás’’… Hija mía, estoy aquí para pedirte que no saltes al vacío, sino a lo lleno. La vida es una sola y es genial, a pesar de la inseguridad’’. Me auto-pregunto ‘’¿qué es esto? ¿un castigo por todos los años que no fui a misa de 8 los domingos?’’. El padre Colmenares agita sus huesudas manitos y creo que hubiera seguido en su discurso sino hubiera sido por Blanca, que aparece risueña y feliz (raro, dadas las circunstancias) en la ventana. ‘’Amiga, no sé a qué se deba todo esto, pero espero que sea solo locura pasajera porque yo, sin ti no podría vivir’’. El aspecto risueño de mi mejor amiga se desvanece y da paso a un quejido lastimero que deviene en llano entrecortado acompañado de lágrimas negras de rímel. ‘’Zara…toda la vida, pero toda, te he amado y no con locura, por aquello del qué dirán, sino en el closet. Mi closet. No te tires, te lo repito. Yo no quiero quedarme sin ti. Recuerdo que tragué grueso y me pegué a la pared, pero di un paso a mi izquierda, para alejarme de la ventana. Lo que me faltaba, pues, mi mejor amiga está in love with me!
‘’He ocultado mi amor todo este tiempo porque…’’, ¡Dios, entre mi mamá, el cura y esta otra me van a volver loca!’’. Cierro los ojos y me tapo los oídos, pero se cuela el sonido de una sirena. La gente abajo grita de a ratos todavía. Abro los ojos. ‘’ ¡Psst, señorita!’’. Veo a un tipo en la ventana. Quiero decirle que no soy señorita, pero no me salen las palabras. ‘’Vengo en son de paz. Soy el Inspector Juárez, como Benito, el mexicano este famoso. Vengo a decirle que la vida es buena, que para todo lo demás existe MasterCard, además, una mujer como Ud. tan fina no debería saltar porque va a perder todo el glamour y cuando vaya cayendo le van a ver la ropa interior, y mire, es de mal gusto eso.  Porque una cosa es verlo uno como hombre en una Playboy y otra muy diferente en un cuerpo caído en la acera. Yo sé lo que le digo’’. Cierro los ojos y a los lejos sigo oyendo al hombrecito monologando. Cuando abro los ojos, enfrente de mí está mi hija, que me habla, pero no la oigo, no la entiendo. Extiendo los brazos hacia ella y de repente pierdo el equilibrio. (Sé que esto pasó porque me despegué de la pared). Caigo. Así de simple). 

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