05 mayo 2013

Sin anestesia




Cuando ella lo sintió cerca, el mundo se vino abajo, apagó su ruido, se congeló. Lo vio inclinarse sobre ella y comenzar la autopsia.

07 abril 2013

El incidente de Zara


A Fabio.
In Memoriam.



(Piso 12. Mis pies bien firmes en la cornisa. Cierro los ojos (te cuento esto tal y como lo viví, el último día de mi vida) y cuando los abro, ¡chan! una pequeña multitud ya se había arremolinado bajo mis pies, literalmente. El viento juguetón agita como si nada mi bata de dormir y mi cabello. ¡Debo parecer una auténtica loca! Oigo los gritos de la gente abajo: ‘’¡Bájese, señora!’’, ‘’ ¡No te tires!’’. No digo nada. Miro al cielo. No sé cuándo ni cómo aparece mi madre por la ventana. Tiene tanto maquillaje siempre que me causa impresión verla. Mamá me recuerda a un payaso decadente.
‘’ ¡Hija! ¿Qué haces ahí? ¡Te vas a caer!’’. Así empezó mamá un monólogo que logró marearme más que la altura. ‘’Hija mía, si lo que tú quieres es la muerte, yo te digo que escojas la vida o al menos otra forma de morir porque si te resbalas, caes sobre ese Maverick, que es más viejo que tu papá.
Me aturde mamá, pero creo que siempre lo ha hecho. La miro, no quiero saber qué tiene para contarme, pero no me deja ni responder. Del nerviosismo, agito un pie en el vacío. La gente grita y obviamente mamá también. Una mano huesuda agarra a mamá del hombro y la quita de la ventana y aparece el padre Colmenares, con ese acento español tan fuerte de siempre.
‘’Dulce oveja del rebaño de Dios’’, comienza. ‘’ ¡Oh no, viene con discurso zoofílico’’ pienso y abro mucho más los ojos. ‘’Cuando Dios, a través de Moisés dijo: ‘’No matarás’’, también implícitamente daba a entender ‘’No te auto-matarás’’… Hija mía, estoy aquí para pedirte que no saltes al vacío, sino a lo lleno. La vida es una sola y es genial, a pesar de la inseguridad’’. Me auto-pregunto ‘’¿qué es esto? ¿un castigo por todos los años que no fui a misa de 8 los domingos?’’. El padre Colmenares agita sus huesudas manitos y creo que hubiera seguido en su discurso sino hubiera sido por Blanca, que aparece risueña y feliz (raro, dadas las circunstancias) en la ventana. ‘’Amiga, no sé a qué se deba todo esto, pero espero que sea solo locura pasajera porque yo, sin ti no podría vivir’’. El aspecto risueño de mi mejor amiga se desvanece y da paso a un quejido lastimero que deviene en llano entrecortado acompañado de lágrimas negras de rímel. ‘’Zara…toda la vida, pero toda, te he amado y no con locura, por aquello del qué dirán, sino en el closet. Mi closet. No te tires, te lo repito. Yo no quiero quedarme sin ti. Recuerdo que tragué grueso y me pegué a la pared, pero di un paso a mi izquierda, para alejarme de la ventana. Lo que me faltaba, pues, mi mejor amiga está in love with me!
‘’He ocultado mi amor todo este tiempo porque…’’, ¡Dios, entre mi mamá, el cura y esta otra me van a volver loca!’’. Cierro los ojos y me tapo los oídos, pero se cuela el sonido de una sirena. La gente abajo grita de a ratos todavía. Abro los ojos. ‘’ ¡Psst, señorita!’’. Veo a un tipo en la ventana. Quiero decirle que no soy señorita, pero no me salen las palabras. ‘’Vengo en son de paz. Soy el Inspector Juárez, como Benito, el mexicano este famoso. Vengo a decirle que la vida es buena, que para todo lo demás existe MasterCard, además, una mujer como Ud. tan fina no debería saltar porque va a perder todo el glamour y cuando vaya cayendo le van a ver la ropa interior, y mire, es de mal gusto eso.  Porque una cosa es verlo uno como hombre en una Playboy y otra muy diferente en un cuerpo caído en la acera. Yo sé lo que le digo’’. Cierro los ojos y a los lejos sigo oyendo al hombrecito monologando. Cuando abro los ojos, enfrente de mí está mi hija, que me habla, pero no la oigo, no la entiendo. Extiendo los brazos hacia ella y de repente pierdo el equilibrio. (Sé que esto pasó porque me despegué de la pared). Caigo. Así de simple). 

24 enero 2013

Sin sentido



Al llegar a casa, no enciende las luces, como de costumbre. Tampoco revisa si tiene correspondencia y mucho menos le presta atención a la T.V. En medio de ese quiebre en su rutina, se sienta en el piso, con la espalda recta pegada a la puerta de entrada. En la cartera busca el celular. Ningún mensaje, ninguna llamada, ni siquiera perdida. Son las 8:40 de la noche. ‘’No tiene ningún sentido seguir’’, le dice a la nada.

Después de un largo rato, se levanta. Enciende una única luz, la de la cocina. Se dirige al baño, en penumbras. Se quita con delicadeza la ropa. Abre las llaves de la ducha.  Deja que el agua corra por todo su magro cuerpo. Cierra los ojos y se deja llevar. Agua tibia. Sera la última vez que la sienta. Se lava el cabello, recorre con lentitud su cuerpo. Al terminar de bañarse, se seca meticulosamente y se mira en el espejo. Nunca le gustó hacerlo y, por fortuna, esta será la última vez.

Ya en su cuarto, se viste con su mejor camisón de dormir. ‘’El sueño eterno’’, ironiza. Una vez lista, se cerciora de cerrar las ventanas y las cortinas. Sobre la cama está la bolsa plástica, la cinta gris de embalaje, un poco de cuerda. Sobre la mesita de noche, un frasco de tranquilizantes. Se peina con esmero y se recoge el cabello aún húmedo en un rodete. Se sienta al borde de la cama y toma la dosis exacta de pastillas. Ni una más, ni una menos. Se coloca la bolsa en la cabeza, no sin antes respirar hondo y la ata lo más herméticamente que puede con la cinta y para estar segura de que el aire no interferará en sus planes, aprieta la cuerda por encima de la cinta.

Inhala. Se acuesta en el medio de la cama, boca arriba. Exhala. Toda la bolsa por dentro se llena de su aliento. El corazón late de prisa. Inhala. Siente un hormigueo que comienza por los pies. Exhala. Escucha la puerta de entrada. Está mareada. Gira la cabeza hacia la derecha y hacia la izquierda, con rapidez. Inhala. Ve, en medio de la bruma de su propia respiración, a Mario parado justo enfrente de la cama. El poco aire que queda dentro de la bolsa empieza a enrarecerse mucho más. Se le nubla la vista. Exhala. Oleadas de pánico la invaden con más fiereza cada vez. Se estremece violentamente. Casi no inhala. Mario abandona la habitación y cierra tras de sí la puerta. Ella aprieta los puños. Arquea la espalda. Ya no queda nada de aire. Abre la boca y toda la bolsa se adhiere a su rostro, sofocándola aún más. Grita un grito sordo: ‘’¡Mario!’’.
Sentado frente a la televisión, Mario escucha esa voz seca, tan familiar, que antes amaba. Se levanta y va hacia la ventana y la abre de par de en par. Respira hondo. ‘’Lo siento. Ya no tenía ningún sentido seguir, amor’’.

12 octubre 2012

El ciego

Ciego de nacimiento o debido a algún traumatismo o enfermedad. No importa. El detalle es que era ciego. Pedía dinero en el metro. Estaba en todos los vagones, en todas las líneas, a toda hora. ''Una monedita para este ciego, por favor'' era su cántico. Sorprendía siempre su mirada azul sin vida. Arrastraba los pies, hacía sonar ruidosamente su bastón e iba tropezándose con la gente. No tendría más de 50 años, pero sus ademanes de anciano prematuro, hacían que pareciese un tipo mayor, de esos que tienen aires de derrota y abandono. Una noche cualquiera, a las 11:00 pm. Último metro. De repente, el ciego en el mismo vagón que yo. Mis índices de curiosidad crecían a pasos agigantados. ''Próxima estación: Chiado'' y como si tuviera un resorte, se transforma, se yergue en toda su estatura, se dirige sin vacilar a la puerta del vagón y sale velozmente y empieza a subir frenéticamente las escaleras. Yo lo sigo, también frenéticamente. Sale a la calle y sin ayuda del bastón, empieza a caminar aún más de prisa. Yo lo persigo casi corriendo, amparada por las penumbras de la noche. El ciego camina muy velozmente y se mete por estrechos callejones oscuros que no aparecen en los mapas.Sin tropiezos, ni vacilaciones. Al final de una calle pequeña, se detiene enfrente de una puerta, saca las llaves de su bolso y sin vacilar abre la puerta y la transformación va teniendo lugar: el ciego se encorva, es de nuevo un anciano prematuro, derrotado y triste y así entra a la casa, su casa. En la esquina me quedo un rato, viendo como las luces de esa casa misteriosa se van apagando lentamente.

26 agosto 2012

En la cajita

Ella escribió: "Me gusta la inexactitud de tu mirada. La disparidad de tu sonrisa. El desorden de tus rizos. La fiesta de tus pecas. El viento que levantas cuando te acercas''. El respondió: ''Eres el oxígeno''. Y ambos se dieron las gracias. Gracias por el fuego. Gracias por el viento. Y guardaron las palabras en la cajita.

07 agosto 2012

Hacer el bien

La primera en llegar al café es ella. Da un rápido vistazo al salón de té. Ninguno de los chicos ha llegado aún. Un mesonero la aborda: ‘’Buenas tardes. ¿Mesa para…? Le indica tres con la zurda. El mesonero asiente y la acompaña hasta una mesa del fondo, junto a la ventana. Una garúa fina y fría ha arropado la ciudad desde temprano. La chica observa las gotas pequeñas que van deslizándose por la ventana. Han pasado cerca de 15 minutos cuando él aparece. ‘’Hola’’. Da un respingo. ‘’¿Te asusté?’’ sonríe él su risa infantile de siempre, al tiempo que pregunta: ‘’¿Noticias?’’. ‘’Ninguna, aún’’, responde. Contraria a mi ansiosa puntualidad, llego al encuentro 35 minutos tarde. Me acerco con prisa a la mesa y saludo. Un silencio eterno se instala entre los tres, hasta que se acerca el mesonero y ordenamos. Al cabo de un rato, el chico levanta la vista de su café y da vueltas intranquilas a la cucharita dentro de la taza. Ella, de brazos cruzados, observa a la gente que lentamente pasa por la calle. ‘’¿Y bien? ¿Qué hacemos?. Fijan la vista en mí: ‘’Una buena tanda de golpes en todo el cuerpo, de manera de que esté en cama bastante tiempo’’. Él añade: ‘’Nada de armas blancas ni muchos menos. No queremos heridas graves’’. ‘’Somos muy amateurs para este tipo de cosas’’. ‘’Además…queremos solo darle un susto’’. ‘’Un buen susto’’. ‘’Pensemos en que lo que buscamos es que no nos moleste más por un rato. No es un venganza, es solo una advertencia’’. Los miro. Cada uno expuso su parecer. Respiro hondo. ‘’Por más específicos que seamos con los tipos que nos harán este trabajito, no podemos controlar todo lo que pase ese día’’. ‘’Me parece que ya no podemos controlar nada, desde el momento en que le paguemos a esta gente, quedamos totalmente a merced de ellos, de alguna forma’’, explica el muchacho. ‘’¿Y si se les va la mano?’’ pregunto. Ella responde, con cautela: ‘’Es uno de los tantos riesgos que hay que correr’’. ‘’Hoy venía pensando en todo esto’’, digo. ‘’Recordé el caso de uno de mis profesores de la Universidad. Dos tipos lo interceptaron cuando estaba llegando a su casa y le destrozaron las rodillas a patadas. Solo las rodillas. Estuvo todo un año en rehabilitación. En algo así pudiéramos pensar para nuestro infeliz’’.‘’El fin justifica los medios y más en este caso’’, concluyen. Miro por la ventana. La lluvia cesó y hay más gente en la calle ahora. ‘’Bien. Pauto la reunión para la semana que viene. Cada uno que lleve su parte del dinero’’. ‘’Hacer el bien. Nuestro bien. Y el de los demás chicos. Recordemos eso para evitarnos culpas’’, sentencia el muchacho. Ella asiente. Los miro antes de concluir: ‘’Hacer el bien. Me gustó eso’’. Afuera, ya sin lluvia, el frío del invierno que languidece, nos aguarda.

07 mayo 2012

La única

‘’Soy la única que permanece, hasta que vengan por mí. Mientras, hundo mis pies en la arena, suave, cristalina. Primero el izquierdo. La arena traviesa queda atrapada entre mis dedos. Después el derecho. Se levanta una suerte de polvareda. Un pie, luego el otro. Polvo brillante, como imaginaba el de las estrellas’’. Antes de terminar de preparar el desayuno, Teresa marca en el calendario otro día más sin Mariela. Han transcurrido 12. Respira hondo. ‘’Me fastidia un poco estar sentada todo el tiempo, pero entiendo que será necesario para cuando me encuentren. Tengo que darles todos los detalles posibles sobre lo que pasó. Espero, tan solo. Ya no tengo más opciones, en realidad’’. Teresa tiene tres días de permiso en el trabajo. No ha salido de casa desde que recibió la noticia. La TV y la radio permanecen encendidas todo el tiempo. Los primeros días, Mariela y otros muchos fueron los titulares. Pero ya han pasado 12 días y otras tragedias han sustituido a esta. ‘’A veces me entretengo durante horas con el movimiento de mi cabello, como juega con el agua y fluye con el ritmo interno del mar. Apoyo la cabeza en el asiento y me dejo llevar. Cierro los ojos. Amé desde siempre el mar, su olor, sonido, misterio, así que es un privilegio estar aquí, a pesar de todo’’. Recorre la casa de punta a punta. Ordena, cambia de sitio algunas cosas, las vuelve a colocar donde estaban. Se hizo una rutina para mitigar la ansiedad de la espera. ¿Y si esto es para siempre? ¿Y si Mariela no regresa? Escalofríos recorren su corta estatura. Teresa aprieta los ojos unos segundos. Al abrirlos solo dice: ´´Mariela’’. ‘’Muevo mis manos. Pececitos de colores me pellizcan los dedos. Soy sirena de a ratos, ostra, alga, lo que sea. El tiempo aquí tiene otro sentido y densidad y creo que puedo serlo todo, hacer de todo’’. Humberto la observa, en silencio. La ve vagar por la casa, contestar el teléfono, aguardar las noticias. Él también espera. Y su angustia es igual a la de Teresa, solitaria y pesada. ‘’Siento que el fin está cerca. Cuando abro los ojos y veo pequeños rayitos de luz desde arriba, pienso que ya vienen por mí, que por fin me encontraron, que pronto podré volver a casa´´. Entonces el tiempo recuperará su propio tiempo. Pero tal vez yo ya seré otra’’. El día 14 de la ausencia, Teresa se levanta como siempre. Pocas horas de sueño encima y ese nuevo estado de alerta perenne instalado en el corazón. Humberto aún duerme, así que sin ruido se dirige a la sala, donde la TV emite las imágenes sosas de siempre. Unas horas más tarde, el estruendo del anuncio de un ‘’extra’’ noticioso la detiene en seco en la cocina. El locutor lee la única noticia que terminará con su agonía para darle paso a una nueva, eterna. ´´El equipo de búsqueda que desde hace 14 días rastreaba la zona del accidente del vuelo 1115…’’. Las palabras se pierden en la sala. Teresa grita. ‘’Soñaba que era el mar y terminaba siendo parte de él cuando los oí. Primero vi al primer buzo que me miró con lástima. Mucha. Retiró con cuidado el cabello de mi cara. Yo estiré los brazos, como si lo fuera a abrazar. Fue cuando vi al segundo buzo que me desató con ternura del asiento. Me dejé llevar. ´´Mamá, papá´´, pensé, ´´por fin vuelvo a casa’’. Teresa y Humberto lloran sin prisa en la sala de su propia casa, con la vista fija en el televisor. Suena el teléfono. Humberto atiende. Escucha trozos aislados de explicaciones en una voz ajena: ‘’ Su hija, Mariela Zambrano…la encontraron hoy los buzos…estaba en la parte del avión que…atada al asiento, intacta…´´. Humberto cuelga y se abraza a Teresa. Mariela flota. Respira y flota. Atrás quedó todo el mar. Ahora va a casa finalmente. ‘’Soy la única que permaneció, hasta que vinieron por mí´´. Se deja llevar.