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01 octubre 2014

34 años



Lleva 34 años durmiendo sin sueños, desde el día del accidente, exactamente. Se va a la cama y no sueña, la mente queda en blanco, como una película que nunca se proyecta. A excepción de esa noche, anterior a la llamada, que soñó un único sueño, en el que él volvía.
En el sueño, se observaba en el espejo del baño meticulosamente. Se recogía el cabello, abría la llave del agua y se inclinaba para lavarse el rostro. Al levantarse, él estaba del otro lado del espejo y la miraba, diáfano, como siempre fue, y le sonreía, con tristeza, como cuando tenía algo terrible que confesarle. ‘’Aparecí’’, le decía, varias veces. ‘’Y vas a poder perdonarme’’.
Despertó. Se quedó acostada un buen rato, pensando, sintiendo lo que era soñar de nuevo un único sueño después de 34 años. Anotó la frase y la leyó en silencio. Se levantó. Ese día no desayunó. Decidida, supo que tenía que pasar por la oficina de casos archivados.
Al llegar al viejo edificio, subió al tercer piso lentamente. Llevaba cerca de tres años sin ir y le pareció que nada había cambiado, incluso la señora del archivo se había detenido en el tiempo.
‘’Hola’’, dijo. La mujer se le quedó viendo. ‘’Tenía años sin verla, señora’’. ‘’Lo sé. He estado ocupada, buscando en otros lugares, pero hoy es el día’’, explicó. ‘’¿El día de qué?’’, preguntó la mujer intrigada. ‘’De encontrarlo, finalmente’’. La mujer le sonrió entre triste e irónica. ‘’Si usted lo dice…’’ y dejó la frase en el aire. ‘’¿Me podría facilitar el archivo?’’, preguntó. ‘’La verdad…y no lo tome a mal, pero ya no se puede. La causa prescribió hace tiempo atrás, lo sabe, y esos archivos tan viejos, siguen en el depósito. Si antes se lo permitimos fue por caridad’’ y bajó la mirada, al tiempo que la voz. Concluyó con un ‘’lo siento’’ tímido y apagado. ‘’Gracias’’, fue todo lo que ella atinó a responder.
Bajó las escaleras y se encaminó a la jefatura de policía, la misma que durante años llevó su caso y la vio llegar día tras día en busca de nuevas informaciones. Cuando los agentes de siempre la vieron aparecer, salieron a su encuentro, más por lástima que por educación. ‘’Hoy es el día’’, les dijo y se sentó. Los agentes la miraron impactados: ‘’No puede permanecer aquí a menos que…’’, le dijo uno. Ella completó la frase: ‘’A menos que mi marido aparezca y ustedes puedan cerrar el caso’’. Todos se miraron entre sí. No supieron qué responderle, así que optaron por dejarla ahí, en la recepción, sentada sin inmutarse.
Pasadas tres largas horas, un extra en las noticias dejó a toda la jefatura en silencio: ‘’Hace menos de una hora se encontraron los restos de una avioneta. Se presume que son de la aeronave perdida hace 34 años de la empresa…’’.
Los agentes de siempre comentan la noticia. De repente, recuerdan a la mujer, que ahora está de pie, en la recepción, esperando, como ha esperado durante 34 años por cualquier noticia que la devuelva a la vida y la aleje del todo de la muerte.
‘’Se los dije. Hoy era el día. Me llamarán a casa, me harán comparecer de nuevo, me darán las condolencias y me explicarán cómo pasó esto. Yo querré saber los detalles. Siempre he querido saberlos, pero encontraron a mi marido. De alguna forma, eso me basta un poco. Ahora puedo perdonarlo’’. Respiró hondo y se alejó, camino a su casa.  

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