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04 julio 2016

Las hermanas



Se detiene en la puerta de entrada. No tiene necesidad de detallarla puesto que, en todo ese tiempo que ha pasado desde la última vez que visitó la casa de su infancia, nada ha cambiado. Absolutamente nada.
Abre entonces la puerta. Da un vistazo rápido a la sala, que sin muebles luce más grande de lo que en realidad es. Camina hacia su cuarto y abre las ventanas. La luz de la mañana todo lo inunda con su calidez. Sonríe. Cierra los ojos por momentos y puede verse de niña, jugando con sus muñecas o espiando por la ventana la vida de la calle que transcurría tan lejana y tan cercana a la vez. ‘’Qué tiempos aquellos’’ piensa.
Ya en el cuarto que era de sus padres abre también las ventanas y una brisa fría la envuelve. Puede escuchar a sus padres hablando sobre el futuro de ellos, sus niños, la escuela, la familia, los vecinos, los amigos; todo aquello que era su universo cuando ella era pequeña. Suspira.
Los cuartos de sus hermanos corren con la misma benéfica suerte: las ventanas se abren para dar paso a la novedad de la luz. Por último, va hasta la cocina. Su hermana mayor está sentada en el suelo, de espaldas a la puerta. ‘’No sabía cuándo llegarías, Amalia. Pero no podía cansarme de esperarte. ¡Te necesito tanto!’’ le dice con voz triste, sin darse la vuelta. Amalia se acerca despacio, coloca las manos sobre los hombros de su hermana y después la abraza. ‘’Ya estoy aquí’’ le dice dulcemente. ‘’¿Faltará mucho para que papá y mamá lleguen? ¿Y Ángel? ¿Y Raúl?’’. Amalia suspira hondo antes de responder: ‘’Les tomará más tiempo, hermana. Pero ya llegarán y volveremos a estar todos juntos.’’ Amalia abraza con más fuerza a su hermana. La siente tan frágil, tan desorientada. No solía ser así, pero el accidente todo lo cambió. La toma de la mano y la lleva a recorrer la casa.
‘’Abrí todas las ventanas. Debe entrar la luz. Es necesaria’’ explica Amalia. ‘’¿Cuándo podremos irnos del todo?’’ pregunta ansiosa su hermana. Amalia la mira con lástima: ‘’No lo sé. Debemos permanecer y no sé por cuánto tiempo’’.
Los papeles se han intercambiado desde la última vez que se vieron. Amalia luce fuerte, decidida; atrás quedó la adolescente insegura y tímida que era. Su hermana, en cambio, ahora es una mujer joven temerosa de todo, fatalista y melancólica. Amalia la observa: tiene los ojos hundidos, sin brillo, como si una preocupación muy grande la estuviera consumiendo. ‘’¿Qué te está pasando, hermanita?’’ le pregunta con dulzura. Las lágrimas caen pesadas por el rostro de su hermana. ‘’¿Dolió acaso?’’. Su hermana asiente. ‘’Me vi volando. Me vi cayendo. A veces me duele mucho aún la cabeza’’. ‘’Yo también me vi volando, me vi cayendo, pero no dolió’’ le confiesa Amalia, y continúa: ‘’Esto es una suerte de liberación. Es así como debes verlo’’. Sonríe y atrae a su hermana hacia sí y de nuevo la abraza y la consuela. ‘’Quiero que esto termine, Amalia. Todo’’, le dice, mientras permanece escondida en el abrazo salvador de su hermana menor.

Muy lejos de ahí, de la casa de su infancia, Ángel recuerda su pasado y piensa en sus hermanas. ¿Cómo serían ahora? ¿En qué se hubieran convertido? ¿Se habrían casado como Raúl y como él? ¿Habrían tenido hijos? ¿Qué habría sido de sus hermanas? Respira hondo y en muy baja voz se persigna, al tiempo que dice: ‘’Que en paz descansen’’. 

1 comentario:

nfer dijo...

Raul es un nombre de familia. Tanto que nos ponemos apodos pues viene de los bisabuelos. Las nenas no cuentan, no llevamos el apellido .
Puede escuchar a sus padres hablando sobre el futuro de ellos, sus niños, la escuela, la familia, los vecinos, los amigos; todo aquello que era su universo cuando ella era pequeña.

Mi hermano, real o ficticio, temo encontrarlo. Todos los testigos han muerto ya, y en estos tiempos es...complicado buscarlo por estas redes. Papá me decía, una vez, creyendo que el cirujano lo mataría (vivió hasta los 90 y muchos...) "busca a tu hermano".

No, no me atrevo. Nos desconoceremos...o tendremos tanto en común que , a mi edad, me matará .
Sé que comprendes.