Google+ Followers

19 junio 2018

Sin contratiempos




Sentado en el borde de la cama, él la observa peinarse la larga cabellera negra, con suaves movimientos acompasados. ‘’¿A qué hora te vas?’’ pregunta, mientras bosteza. ‘’En un rato. Regresaré tarde, así que no hagas el intento de esperarme despierto’’, responde.
El hombre se levanta y se acerca, hasta abrazarla y besarla delicadamente en el cuello. ‘’Cada vez más linda’’, le susurra. La mujer cierra los ojos y sonríe. ‘’Tengo que verme bien. La primera impresión es la que cuenta. No me gusta asustar a la gente. Sabes que soy discreta, que siempre lo he sido’’, dice en voz baja. El hombre asiente: ‘’Es eso lo que más me gusta de ti’’.
Al liberarse de aquel abrazo, se mira en el espejo. Decide llevar el cabello suelto esta vez, pero maquillaje un tanto dramático. De noche todo se vale. Así que combina la sombra de ojos, rubor y labial con la minifalda negra que deja al descubierto sus largas y bien torneadas piernas, la camisa negra de seda y la chaqueta de cuero.
Cuando termina de arreglarse, se mira de cuerpo entero en el espejo. ‘’¿Qué te parece?’’ le pregunta al hombre. ‘’Toda una MILF’’ dice, soltando esa risa divertida e infantil que ha compartido solo con ella durante años. ‘’Fantástico, entonces’’ y premia su respuesta con un largo y cálido beso. ‘’Ya sabes, no hagas el intento de esperarme despierto. No sé cuánto tiempo me lleve lo de hoy. Hay algunos que se asustan, otros no se lo esperan. Nunca nadie sabe cómo es esto, en realidad’’, explica. Él la mira con placer: ‘’En fin, buena jornada, querida. Que todo salga bien’’.
Cierra la puerta tras de sí y mientras espera el ascensor, revisa la dirección y el nombre. Sabe cómo llegar. A las 11:43 pm deberá estar lista, ya que hay un tiempo marcado para todo. Nunca demora más de 10 minutos; sin embargo, depende mucho de la reacción del que le toque. No todos reaccionan igual, ni todos saben cómo hacerlo, de hecho. ‘’Si al menos la gente entendiera que es un paso más…’’ dice para sus adentros. Suspira.
Una vez en la calle, camina con el dejo propio de quien sabe qué quiere, qué hará, con qué va a encontrarse. No son jugarretas del destino, ni nada que dependa del azar, pues todo corresponde a un plan. Ella siempre ha sido compasiva con los que les ha tocado. ‘’Blandengue’’ le dicen sus colegas. ‘’Comprensiva’’ responde incansablemente.
Al llegar al hospital, son exactamente las 11:10 pm. Es el fin del otoño y la noche es más oscura, más fría. Le encanta ese clima, más que el temible invierno, la insulsa primavera o el implacable verano. La gente está más dispuesta a todo en otoño, como si en esa estación dependieran la melancolía y los recuerdos.
Enciende un cigarrillo. Entre pitada y pitada, observa la entrada. Hay un solo guardia y una enfermera en la recepción. Nada de qué preocuparse. Casi diría que ha sido así las veces que le han tocado hospitales. Sin embargo, prefiere la adrenalina de lo prohibido, de la misión que se vuelve casi imposible de cumplir. Los hospitales son predecibles. También las casas funerarias, las casas de familia. Lo privado es predecible, mas no así lo público. No es este el caso, desafortunadamente.
Aspira el humo del cigarrillo con vehemencia. ‘’Vamos, que ya es hora’’ dice en voz baja. Exhala y se aproxima a la puerta, que se abre de par en par. Ella sabe que el guardia la mira, sin mirarla. La enfermera ni repara en su presencia.
Sube en el ascensor hasta el sexto piso. Las manos en los bolsillos de la chaqueta, el suave movimiento sigiloso de sus caderas, el cabello suelto en armonía. Abre la puerta de la habitación 606 con determinación, sin siquiera anunciarse.
La mujer que está acostada en la cama, hundida completamente, con una mascarilla de oxígeno y cables conectados a su tórax, demora mucho en abrir los ojos y verla. La detalla sin entender del todo que está pasando, ni quién es. Tampoco se da cuenta de que está plenamente consciente, que está aquí y ahora.
Abre bien los ojos y la observa. ‘’Hola, Natalia. Vine a buscarte. Tu recorrido empieza a las 11:43. Ni un minuto más, ni un minuto menos’’ le dice, al tiempo que esboza su mejor sonrisa. Se le acerca poco a poco y le retira la mascarilla. ‘’Respira hondo’’ le ordena suavemente. La mujer obedece. Con delicadeza le retira también los cables y la va llevando lentamente para que se siente. ‘’Falta poco. No va a dolerte’’ explica. ‘’Ya no eres tu cuerpo’’.
Perpleja, la mujer sentada en el borde de la cama continúa observándola hasta que se anima a preguntarle un ‘’¿quién eres?’’ tímido y tembloroso. ‘’¡Si supieras la cantidad de veces que me han preguntado eso!’’ responde, al tiempo que ríe. Con ternura, le arregla el cabello y la bata. ‘’Ponte de pie, Natalia. Es hora de irnos’’. La toma de las manos y la mira fijamente.
Ambas se alejan un poco de la cama para observar la escena. Un fuerte pitido de las máquinas conectadas a aquel cuerpo inerte, alerta a las enfermeras que algo no está bien. Tres mujeres entran a la habitación rápidamente y revisan a la paciente. Intentan reanimarla, sin éxito. ‘’No hay nada que hacer’’. ‘’Hora del deceso: 11:43pm’’. Cubren el cuerpo con la sábana y salen de la habitación.
‘’¿Pero qué pasó? ¿Sigo estando aquí?’’ le pregunta, aferrada a su brazo. Ella la calma con suaves palmaditas: ‘’No, ya no eres tu cuerpo. Ya puedes hacer lo que quieras. Quedarte o seguir. Solo tienes que decidir’’. Natalia la mira, como si de repente entendiera todo, toda su vida, todos los eventos en un perfecto orden que finalmente tiene sentido.
‘’Me quiero ir’’ responde, sin vacilar. La mujer respira aliviada y la abraza. ‘’Buen viaje, querida’’ y le indica el camino por donde partir. Secretamente adora esos momentos, cuando la persona decide poner un verdadero final, sin aferrarse a nada, porque ya no hay nada que hacer. Como si de verdad entendiera en fracciones de segundos que todo pasa, por más duro que haya sido lo que le haya tocado. Esos son los verdaderos valientes, los que se entregan.
De su cartera saca la pequeña libreta en donde anota sus impresiones. Coloca un visto al lado del nombre de Natalia y un ‘’sin contratiempos’’. Aguarda a que regresen las enfermeras para que preparen y retiren el cuerpo. Y una vez que lo han hecho, ella también se retira.
Avanza resuelta por el pasillo del hospital. Ya en la calle, enciende otro cigarrillo. La noche será larga, lo sabe, así que camina sin prisa, con las manos en los bolsillos de la chaqueta, el suave movimiento sigiloso de sus caderas y el largo y negro cabello suelto en armonía.

No hay comentarios: