Te dejé al descubierto ahí latiendo, con tus tatuajes, tus ademanes irredentos, tus cigarrillos humeantes y todo lo que eras, lo que no fuimos y debimos haber sido.
Te dejé al descubierto ahí latiendo, con tus tatuajes, tus ademanes irredentos, tus cigarrillos humeantes y todo lo que eras, lo que no fuimos y debimos haber sido.
Se despertó sobresaltado y sintió que le faltaba el aire. En medio de aquella oscuridad absoluta e irreconocible por segundos, solo quiso gritar y pedir ayuda, pero al instante recordó que estaba muerto y volvió a entregarse a su propio descanso eterno.
La apretó contra sí, de manera que pudiera llevarse la impresión de todo su cuerpo en el de ella. La besó en el cuello antes de liberarla y verla alejarse con ese andar tan marcadamente disparejo y sensual, a la vez.